Historia de la Telefonía



Historia de la Telefonía

 El religioso benedictino francés Dom Gauthey, en 1680, propuso a la Academia de Ciencias de París, un sistema de transmisión de la voz humana mediante tubos acústicos. En 1860 el alemán Phillipp Reis (1834-1874) inventó un aparato al que denominó "Teléfono" (del Griego "hablar a lo lejos") con el cual logró transmitir sonidos durante breves intervalos de tiempo.

En 1796, Francisco Salva estableció un sistema de comunicación telegráfica entre Madrid y Aranjuez. Tenía 44 cables que permitían la transmisión de 22 símbolos. Las señales se generaban mediante máquinas electrostáticas, aunque no fue desarrollado comercialmente debido a problemas técnicos.

El 14 de Febrero de 1876, el estadounidense de origen irlandés, Alexander Graham Bell(1847-1922) presentó una petición de patente de un teléfono, dos horas antes de que lo hiciera Elisha Gray (1835-1901) con un aparato similar. La realidad es que el teléfono fue inventado por el italiano Antonio Meucci (1808-1889), pero no dispuso de medios para su comercialización.

Las disputas legales y el inicio en la prestación de servicios:

La coincidencia de fechas en la presentación es alarmante: tras años de trabajo, tanto Bell como Gray decidieron hacerlo el mismo día, con unas pocas horas de diferencia. Pero no es lo único: el pedido original de patente de Bell, que es manuscrito, tiene un agregado de siete líneas al margen, en el que describe un segundo mecanismo para la conversión de la voz en ondas eléctricas, bajo el principio de resistencia variable (ver figura 1). Ese es justamente el mecanismo incluido en la presentación de Gray, con el que Bell no venía trabajando, pero que tomó inmediatamente y que efectivamente se utilizó desde entonces. Incluso el esquema realizado por Bell a los pocos días para graficar la idea es increíblemente similar (ver figura 2). Por otra parte, la patente de Bell lleva por título Mejoras en la telegrafía, no menciona la palabra “teléfono”, y refiere a la transmisión de “sonidos vocales u de otro tipo”, pero no del habla. Más allá de eso, se ha establecido repetidamente en las cortes que sí hace una descripción completa del invento, así como de las formas concretas de ponerlo en práctica.

Fue el mismo Gray quien sostuvo de inmediato que Bell contaba a través de Hubbard con una “vía subterránea de contacto” con la Oficina de Patentes, que no sólo le habría informado de su presentación sino que le habría dado acceso, permitiéndole mejorar la propia, para luego ante fecharla (Brooks, 1976). Algo a lo que se sumó Meucci, que sostenía que Bell también habría tenido acceso a su presentación, que extrañamente desapareció de los archivos (Evenson, 2000). Esos planteos se retomaron en muchos de los recursos judiciales posteriores, pero nunca pudieron ser comprobados.

Las acciones judiciales de Gray y Meucci no impidieron que la Bell Association avanzara de inmediato con el desarrollo comercial del invento, impulsado por una serie de presentaciones públicas que pusieron la atención sobre el mágico invento. Se destacó especialmente la Exposición del Centenario de los Estados Unidos realizada en Philadelphia en marzo de 1876, centro de la atención internacional en la que Bell realizó una presentación por demás exitosa (ver figura 3). La compañía se hizo entonces con nuevos inversores, un grupo de financistas y abogados de Boston de raigambre aristocrática, que tomaron el control de un negocio que ya prometía revolucionar al mundo. Mientras que los fundadores originales hicieron ganancia de la mayor parte de sus acciones, no sin antes tomar dos decisiones centrales: que el negocio sería la provisión integral del servicio telefónico a cambio de una cuota mensual, no la mera venta de los equipos; y que avanzaría con un sistema de franquicias con inversores locales por ciudad o región, sobre la base de una integración accionaria a la compañía madre (Boettinger, 1977). Esto daba lugar a una red descentralizada pero integrada que se extendiera rápidamente sobre todo el territorio, a la vez que retenía el control sobre la fabricación, instalación y propiedad de los equipos y las redes.

Rápidamente, no obstante, empezaron a surgir múltiples competidores de diverso alcance, que se apoyaban en los “derechos” de Gray o Meucci, o simplemente en el que hecho de que la patente de Bell estaba en discusión. Entre estos se destacó la Western Union, que operaba servicios telegráficos a lo largo y ancho del país, con una basta red cableada instalada y miles de oficinas comerciales. Se comenta que Hubbard le habría ofrecido inicialmente una sociedad, que habría sido rechazada por un encono hacia su persona, dados los numerosos litigios que éste le había entablado anteriormente (Brooks, 1976). Para 1877, la Western Union ya había tomado nota de la potencialidad y complementariedad del nuevo negocio, adquirió los derechos de Gray junto al control de la Western Electric, a lo que sumó un notorio adelanto producido por Thomas Edison, el transmisor a carbono. Durante los siguientes dos años la compañía se concentró en la apertura de filiales para el servicio telefónico, con las que pronto superó a la Bell, que no contaba con toda esa estructura de respaldo. Y apareció por primera un aspecto que se repetiría posteriormente en el desarrollo del servicio en todo el mundo: la presencia de redes telefónicas coexistentes, pero no conectadas, con clientes del servicio que no podían comunicarse entre sí.

Los inversores de Bell plantearon pronto un litigio por violación de patente, que se extendió por casi dos años. En 1879, de un modo sorpresivo y asumiendo que la Justicia reconocería la prioridad de Bell, la Western Union optó por un convenio: transfirió a la Bell todas sus operaciones telefónicas, así como sus derechos, a cambio del 20% de los ingresos que generaran durante los siguientes 17 años. Combinando ambas estructuras, la Bell quedó ubicada definitivamente como la gran operadora telefónica del país.

Siguieron igualmente otros planteos, entre los que se destacó uno iniciado por el propio Gobierno contra la Bell en 1885, comandado por el Fiscal General de la Nación. Nuevamente rumores, se ha dicho que tenía contactos con la PanElectric Company, que quería ingresar al negocio y le había ofrecido efectivo y participación accionaria. El asunto escaló a tal punto que llegó hasta audiencias en el Congreso. En una de ellas, Zenas Wilbur, el examinador de patentes que había manejado las presentaciones de Bell y de Gray, admitió haber tenido contacto con un abogado de Hubbard, notificándolo de la presentación de Gray y entregándosela para que la examinara. No ratificó lo mismo posteriormente en la Justicia y, en 1888, la Corte Suprema resolvió, en un fallo dividido, que no había “evidencia suficiente” de conducta fraudulenta. Tras más de diez años de litigios, los derechos de Bell sobre la patente maestra del teléfono quedaron ratificados.

A esa altura, la Bell ya dominaba completamente el mercado de su país, absorbiendo aquellas compañías desafiantes que quedaban inhabilitadas para seguir operando, dados sus derechos exclusivos. Pero, a la vez, se venía acomodando para prolongar su dominio una vez que venciera la patente maestra, en 1893. Mientras tanto, también fue extendiendo su presencia a nivel internacional.

La compañía se consolidó en muy poco tiempo como un monopolio fuerte e integrado, conocido como Bell System, que mantuvo el dominio sobre el mercado de telecomunicaciones en los Estados Unidos por más de 100 años: la American Telephone & Telegraph Company (AT&T) controlaba la red interurbana nacional y prestaba servicios junto a sus respectivas filiales regionales Bells; los Laboratorios Bell hacían investigación y desarrollo; y la Western Electric concentraba la fabricación de equipamiento (la empresa había sido adquirida a la Western Union en 1880, evidenciando el paso del viejo al nuevo monopolio en telecomunicaciones). Como tratamos en el número 3 de revista Fibra al considerar la evolución de las telecomunicaciones en el mundo, el caso estadounidense se destaca por ser el único con un monopolio privado sobre el servicio: el control sobre la red interurbana de AT&T fue un pesado desaliento para las operadoras locales o regionales que surgieron tras el vencimiento de la patente, que no tenían capacidad para interconectarse con otras redes. Para 1913 el gobierno estadounidense reconoció la situación y aceptó el monopolio de Bell (Compromiso Kingsbury), imponiéndole a cambio una serie de regulaciones públicas (fijación de tarifas, obligación de interconexión a las operadoras que decidieran mantenerse independientes, medidas antitrust para evitar que usufructuase sus beneficios monopólicos en otros mercados).

Recién en 1984, como consecuencia de un prolongado proceso antitrust iniciado por el Gobierno, se obligó a AT&T a desprenderse de sus operadoras locales Bells, así como a desintegrar el complejo Laboratorios Bell – Western Electric. AT&T mantuvo sin embargo la red troncal y, en un proceso paulatino, volvió a establecer control sobre operadoras locales, a lo que sumó una vasta red móvil de cobertura nacional. La empresa es actualmente la principal operadora de telecomunicaciones de los Estados Unidos, aunque en un régimen de competencia.

En el siguiente video se explican de forma mas detallada la historia de la telefonía y su evolución: 




Comentarios